Casa Tomada

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua, (…) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. (…).
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. (…).Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada (…) Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo.(…)
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. (…)
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. (…)
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. (…)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuertes pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán.
Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte - dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? - le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi. que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”.

Fuente: “Casa Tomada” Julio Cortázar.

Cuantas veces dejamos atrás, nuestros sueños, esperanzas, posesiones sin siquiera ofrecer resistencia, al igual que estos dos hermanos.
Este cuento se puede interpretar de diversas formas, pero siempre va a representar de alguna u otra manera, parte de la naturaleza pasiva y conformista del ser humano, ante la aberración de perder la mitad de la casa, por parte de algo totalmente desconocido, terminan por complacerse, y ver el lado bueno de eso, “ahora tienen menos posesiones, pero también menos para cuidar”.
Así nos está pasando a todos nosotros, CADA VEZ TENEMOS MENOS DERECHOS, pero en consecuencia, MENOS RESPONSABILIDADES.

3 comentarios:

DIL dijo...

por un momento desconcí al maestro Cortázar y dije que bien escribes Diego!, luego, lo recordé, pero esta bien, diferentes maneras de ver las cosas.
Puedes quitarme lo material, pero no la grandeza de mi ser, la casa son piedras, el dinero papel, pero el placer de la compañía de un ser que quieres es lo mpas valioso.
Aún en el estado de mayor jodidez, aún cuando me hayan despojado de todo lo que tengo, siempre habrá un pobre diablo queriendo tomar mi esencia, y eso es lo que debo proteger contra todo.
No poseo nada y aún así soy grande, y los pobres diablos me mirarán hacia arriba, y los poderosos tratarán de robarme para igualarse a mí, pero no lo consigarán.

Diego dijo...

Mientras tenga un mínimo de aliento para respirar, seré yo quien guie mis actos, quien me gobierne. ;)

Sólo hay que saber resistir, de todas las formas posibles, un silencio desencajado, una mirada desafiante, una mano que no se estrecha, son maneras sublimes de resistencia, el coraje nueve nuestras almas,y ellas serán libres cuando seamos lo que deseamos ser, y no lo que quisieron hacer de nosotros.

meli dijo...

la verdad q esta muy buena la lectura!! demuestra claramente la facilidad con la cual uno deja "tomar" muchas cosas de su vida sin ofrecer resistencia alguna!! tratando de ver el lado positivo a toda perdida(para no luchar por lo que corresponde, pensando que no queda otra)nos hace cada vez mas ignorantes, mas maleables, por eso hecho de sobrevivir!! con que poco se conforma uno ultimamente !!